“¿Hasta cuándo, Catilina, has de abusar de nuestra paciencia? ¿Cuándo nos veremos libres de tus sediciosos intentos? ¿A qué extremos se arrojará tu desenfrenada audacia? ¿No te arredran ni la guardia nocturna del Palatino, ni la vigilancia diurna en la ciudad, ni la alarma del pueblo, ni el acuerdo de todos los hombres honrados, ni este fortísimo lugar donde el Senado se reúne, ni las frases y semblantes de todos los senadores? ¿No comprendes que tus designios están descubiertos? ¿No ves que tu conjura fracasa por conocerla ya todos? ¿Imaginas que alguno de nosotros ignora lo que has hecho anoche y antes de anoche; donde estuviste, a quienes convocaste y qué resolviste?” (Marco Tulio Cicerón)
Los estudiosos aseguran que Cicerón fue uno de los más grandes oradores romanos, capaz de destruir conjuras con la fortaleza de sus argumentos; también dicen que Catilina, su par, fue admirado, temido y odiado. Fueron enemigos, más que adversarios. Se enfrentaron por el poder, uno se impuso y el otro perdió la vida armas en mano en un campo de guerra. Otros tiempos, otra forma de ejercer la actividad política, donde la palabra daba continuidad a disputas de sangre, donde la derrota se pagaba con la muerte. Guerras que dirimían las diferencias políticas, como sugeriría Karl von Clausewitz. Las luchas por el poder siempre serán eternas, pero ellos serán únicos, como la porción de historia que les tocó vivir antes de Cristo.
¿Hasta cuándo, dirigencia política, has de abusar de nuestra paciencia? ¿No te arredra la alarma del pueblo? Toda esta introducción para justificar una pregunta que está en la calle, que surge al son de mirar la crisis a la que someten al país, echándose culpas sin asumir responsabilidades, y sin ponerse colorados. Que Macri comanda el Titanic, que Cristina nos lleva al precipicio. Que el otro, siempre el otro; juntos, nunca. Incapacidad para el nosotros, para admitir que se necesitan pactos que reúnan a todos. Sin embargo, tanta es la necesidad de que haya sólo Catilinas y pocos Cicerones, que la tercera vía entre lo malo y lo peor -según quién lo diga y mire, claro- surge como una mera propuesta electoral, oportunista, no como consecuencia de una necesidad histórica. Obviedad en ambas situaciones. Trágico.
Más terrenales, menos eternos
Dos mil años después y a 11.000 kilómetros de “la Ciudad Eterna”, por estos lares, más disminuida pero no menos intensa, otra lucha de la dirigencia por el poder político e institucional se desarrolla; aunque únicamente con armas electorales, por suerte. Ni tan hábiles en la retórica como aquel, pero sí aspirantes a dar lucha por el poder como otro romano popular. Llenos de chicanas, vacíos de propuestas. Otro tipo de políticos, otra forma de batallar, moderna, con picardías nuevas, con las travesuras propias de los tiempos de la tecnología -lo más revolucionario en esta era-, a través de las redes sociales, la de los trolls, las de no dejarle pasar una al adversario, dándole zancadillas, apuntándole a los flancos débiles, denunciándolo o simplemente ninguneándolo.
O llamándose a un estratégico y prudente silencio cuando el contrincante pega y pega, entendiendo que dejar que ese otro hable -y hasta rogar para que lo haga más seguido- le sirve a los propios propósitos. Especialmente cuando se equivoca y trastabilla. Es lo que se observó la semana que pasó desde el Poder Ejecutivo respecto de Alperovich. Hubo acción, no reacción, rompiéndose el tercer principio newtoniano. Claro, es política, no física. Nadie salió a replicarle ninguna de sus acusaciones. Silencio de radio. Orden que bajó para hacer más sonora la ausencia de respuestas. Sólo acciones subterráneas para desacreditarlo. No hubo “catilinarias”, tampoco impaciencia cicerónica. Algo así como que “cuanto más hable, más se hunde”. Coincidiría con la idea del entorno alperovichista de evitar que el senador conceda entrevistas para que no se muestre ante la prensa tal cual es, que no acepte preguntas, porque evidencia que dice una cosa y que hace otra. Nada nuevo, lo mismo de siempre.
Por eso en la Casa de Gobierno hasta se celebró como una victoria propia y como un traspié del ex gobernador la entrevista del martes en LG Play, cuando les faltó el respeto al aire a la periodista Carolina Servetto y a su colega Indalecio Sánchez. Los oficialistas, en términos políticos, ¿para qué van a salir a replicar sus dichos críticos sobre la gestión actual si todo fue tapado por su manera grosera de comportarse? No fue un buen día. Lo político afectado y desplazado por la personalidad avasallante, campechana y sin filtros. El equipo de 60 personas -como dijo que tiene- debe estar más que nervioso analizando la forma de contrarrestar sus propios tropiezos. O errores no forzados, como diría un eterno aspirante a tenista de la redacción.
Encima, todo replicado y magnificado hasta el cansancio por todos los medios nacionales, que han mellado al senador y a través de él -por lo menos los encerrados en su juego de intereses- a Cristina. Algo así como que la grosería es patrimonio del kirchnerismo. Y hasta recordaron los infortunados dichos de su esposa, Beatriz Rojkés, para castigarlo aún más. “Se bettizó”, se escuchó decir para ponerle un calificativo a la “metida de pata”. Los reproches se multiplicaron. Las disculpas en terreno extraño no sirven, ni valen.
Para qué contestarle si se hunde solo, es lo que se deslizó desde las entrañas del oficialismo, a manera de justificar la decisión de no salir ni siquiera a mencionarlo. Prefieren responderle al concepcionense Sánchez por sus demandas de fondos -que le vaya a pedir a su papá Macri, le dijo Jaldo-, antes que al senador. Si hasta ruegan que Alperovich siga apareciendo, que regrese a las pantallas, que haga más declaraciones, porque suponen que les facilitará la victoria el 9 de junio. En ese marco, lo más elegante que se escuchó en el palacio gubernamental fue: “José se equivocó”. Y se encargaron de que trascendiera la gaffe. Forma parte de la guerra electoral, donde al tropezón del adversario hay que exponerlo como caída. Nada se deja de lado, ni librado al azar. Los equipos detrás de bambalinas están a full, escudriñando el error ajeno para magnificarlo.
Alperovich, en su paso por el diario, había denunciado que desde el Gobierno “están comprando” gente hasta con $ 3.000 para que vayan con ellos, dijo que hay 500 ñoquis en los municipios, que Manzur no hizo nada durante su gestión y que se vendió a Macri sin traer una obra. Una expresión más fuerte que la otra y, sin embargo, en el Frente Justicialista para Tucumán todos se llamaron a silencio. Sostienen que no es por temor, sino que respondería a una visión muy particular y difundida entre los peronistas con mucha calle sobre sus espaldas: cuando el adversario se viene equivocando, ¿para qué frenarlo?
A ponerla
Sin embargo, Alperovich es un enemigo de cuidado. Según él, se da el lujo de rechazar dinero de empresarios para la campaña, pese a que Tucumán no tiene una ley de financiamiento, lo que habilita y permite cualquier travesura. Pero dijo más; aseguró que tiene la plata separada para enfrentar este proceso electoral sin afectar a sus empresas, y sin que le duela el bolsillo. ¿Cuánto será ese monto? En agosto de 2018, declaró en el Senado un patrimonio de $ 460 millones. Hoy debe ser un poco más. Y no quiere ser Catilina en la batalla electoral del 9 de junio. Tampoco es Cicerón, por cierto. Se estima que para una campaña para la gobernación, exitosa, se necesitan más de $ 100 millones.
Silvia Elías de Pérez (Vamos Tucumán), que abrió una cuenta para recaudar fondos, había señalado el 4 de abril a LA GACETA que gastará $ 25 millones en la campaña. Habló de austeridad. Es así si se atienden voces que sugieren que esa suma es la que pueden gastar algunos que se proponen llegar a una banca legislativa. La senadora, además de entender que Bussi (Fuerza Republicana) “pesca” votos en su misma pecera, en las últimas horas -además de pegarle al concejal por su doble candidatura-, pasó a atacar duramente a Alperovich. Una estrategia destinada a mostrar que es la única oposición que enfrenta a un oficialismo dividido. En ese sentido, afirma que las encuestas que manejan le otorgan una gran chance en un espacio dividido en tercios. En su dura crítica al senador -“es un maestro en el oscurantismo”- es, de alguna manera, funcional a los intereses del Gobierno, que quiere ver debilitado a un Alperovich al que no quiere salir a replicarle. Lo que sí tiene que hacer la senadora radical, porque es su competidor directo en la pelea con Manzur.
En la disputa entre los senadores, el Gobierno ve con más preocupación al líder de “Hacemos Tucumán”. Es que observan, y deslizan, que la radical está muy abajo en las preferencias y hasta se animan a sugerir que le resta puntos a Alfaro en la Capital. La ecuación sería sencilla: nombre a nombre, Leito versus el intendente, la diferencia es mayor en favor del jefe municipal que cuando en los muestreos aparecen en las boletas los nombres juntos de gobernador e intendente. La apertura a dar acoples por parte de Elías de Pérez puede jugar un poco más en su favor en el interior para conjurar la estrategia territorial del peronismo.
Palabras, dichos, especulaciones. Faltan 43 días para la gran final, mucho puede pasar. “Lleve, por fin, cada ciudadano escrito en la frente su sentir respecto de la República”. (Cicerón)